Hablemos de Ellas: “La Plata que nos enseñó a creer”

Por: Mary Rosado

Está terminando marzo, pero esta lucha no es de un mes, es de todos los días, por lo tanto no olvidamos la deuda que tenemos pendiente con las deportistas mexicanas de darles mayor difusión, recordar sus nombres y seguir contando sus hazañas.

 

María del Pilar Roldán Tapia nació en 1939 en la Ciudad de México, en un hogar donde se respiraba el deporte y no de cualquier tipo, era deporte de alto rendimiento. Tanto su padre, Ángel Roldán, como su madre, María Tapia, ambos tenistas sabían lo que significaba representar a México en competencias internacionales como la Copa Davis y los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

 

Tal como le sucede a muchas hijas de deportistas destacados Pilar inició desde temprana edad con la misma disciplina que sus padres; pero por azares de la vida y de la literatura de Alejandro Dumas esa pequeña niña quedó cautivada por la idea de ser una mosquetera y ahí comenzaría su amor por la esgrima.

Es cierto, Pilar tuvo lo que en muchos casos es difícil de conseguir, el apoyo de su familia, además contó con las facilidades para desarrollarse, a los 13 años, en un deporte que aún estaba comenzando en los años 50 en México, pero no lo hizo sola porque su papá también quiso adentrarse en esta disciplina.

Los Juegos Panamericanos celebrados en México en 1955 marcarían un precedente para la familia Roldán Tapia; cuando en la inauguración realizada en Ciudad Universitaria, durante el desfile de delegaciones se pudo observar por única vez en la historia de nuestro país, a una familia completa: padre, madre e hija portando el uniforme de México, seleccionados, representando con orgullo a su país. Una familia de deportistas de alto rendimiento que dedicaban su vida al deporte.

 

Aún hacía falta un par de años para que Pilar Roldán alcanzara la gloria. Su primera cita en unos Juegos Olímpicos fue en 1956, la siguiente fue en 1960 cuando incluso fue abanderada de la delegación mexicana, pero todavía no era el momento. En el pasar de los años también desarrolló su vida personal, casada y madre de dos hijos, se propuso llegar a unos terceros Juegos Olímpicos y lo logró en México 1968.

 

El suelo mexicano siempre representó magia para esta atleta, el mismo suelo donde trece años antes había desfilado con sus padres estaba listo para verla escribir su nombre en la historia del deporte en México. El 28 de octubre de 1968 Pilar ganó la medalla de plata en la modalidad de florete individual femenil, convirtiéndose en la primera mujer mexicana en ser medallista olímpica.

La historia de Pilar nos enseña muchas cosas, entre ellas la importancia que tiene la familia para el desarrollo del deporte, para que desde tempranas edades nos involucremos con la práctica deportiva pero también la posibilidad de elegir el deporte que más nos gusta. A sus 81 años ojalá recordemos, honremos y valoremos más la vida de Pilar Roldán Tapia, la atleta con quien inició todo; Una plata que valió más que el oro, porque nos demostró que las mujeres mexicanas también podían subirse al podio.

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ts

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