Hablemos de Ellas: “La lucha por nuestro honor”

Por: Mary Rosado

Era el 30 de julio del año 2016, en la víspera de los Juegos Olímpicos, se había filtrado en la prensa deportiva de nuestro país la noticia del supuesto dopaje de una atleta de la selección de esgrima y todo era silencio. Ni la federación nacional de esgrima, ni el Comité Olímpico Mexicano, ni la CONADE habían hecho algún tipo de declaración, lo único que se sabía es que la señalada era Paola Pliego.

María Paola Pliego Lara es una esgrimista mexicana nacida en 1994, con el paso de los años la disciplina y tenacidad le fueron abriendo un camino en el deporte nacional, ganó la Copa del Mundo de Esgrima categoría juvenil en el 2013; medalla de bronce en sable individual y medalla de plata en equipos en el Campeonato Panamericano de Esgrima y nuevamente la plata en modalidad de equipos en los Juegos Panamericanos, ambos celebrados en el 2015.

Con un carrera en ascenso la justa olímpica era la siguiente parada, pero no fue así. Ya era el 31 de julio y su nombre estaba en todos los programas deportivos, el laboratorio de la CONADE había encontrado rastros de modafinilo en su prueba, así iniciaría la más grande disputa contra de una administración deportiva en México.

                   

Un día antes de la Ceremonia inaugural, la Federación Nacional de Esgrima anunciaba de manera oficial que Paola Pliego quedaba fuera de la delegación que viajaría a Río. Ese mismo día se abrió su prueba B para el seguimiento de su caso, pero los tiempos ya no cuadraban con su sueño olímpico.

Y es que pocas cosas pueden compararse con ser señalada de recurrir al dopaje en el deporte. Es manchar tu nombre, tu esfuerzo, tu carrera, pero va más allá de todo esto, también es manchar al deporte. Quienes caen en el doping no respetan al rival, ni confían en el mérito propio, encarnan lo peor del deporte: la trampa.

La Federación Internacional de Esgrima abrió una investigación por lo sucedido y al final tanto la prueba A como la B fueron enviadas a un laboratorio en Alemania para su análisis. Las pruebas estaban limpias, el resultado arrojaba que no había sustancias, había sido un desastroso error. Dos meses después de los Juegos de Río 2016, Paola estaba siendo exonerada de su sanción, pero nada volvió a ser igual.

 

Desde aquella situación que dejó expuesta parte de los malos procesos que se realizan en el deporte mexicano, Paola no volvió a ser registrada para competir en eventos internacionales haciendo evidente el veto que estaba recibiendo. En el 2019 anunció que renunciaba a la selección mexicana para ser arropada ahora por la bandera de Uzbekistán.

 

En los últimos días el nombre de Paola Pliego ha acaparado nuevamente los titulares en México debido a que un tribunal rectificó el fallo a su favor en su demanda contra la CONADE que deberá pagarle 750 mil dólares por el daño cometido. Como bien señaló Paola en el anuncio “la lucha aún no termina”, porque la lucha por recuperar nuestro honor y credibilidad, no debe terminar nunca.

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ts

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